Se habla perro· Capítulo 2
Tu perro no ve el mundo como tú.
Lo huele.
Mientras nosotros caminamos por una calle y vemos árboles, personas, carros y edificios, un perro puede estar leyendo una versión completamente distinta del mismo lugar.
Quién pasó por ahí.
Hace cuánto.
Qué animal estuvo cerca.
Dónde alguien dejó comida.
Qué zona acaba de ser marcada.
Qué cambió desde el paseo de ayer.
Para nosotros, muchas de esas cosas son invisibles.
Para ellos, están prácticamente escritas en el aire y en el suelo.
Y eso cambia muchísimo la forma de entender cómo viven un paseo, cómo exploran y por qué algunas cosas que nos parecen insignificantes pueden ser importantísimas para ellos.
El olfato es una de sus principales formas de entender el mundo
Los perros tienen un sistema olfativo muchísimo más desarrollado que el nuestro.
Eso no significa simplemente que “huelen más fuerte”.
Significa que pueden detectar y discriminar una enorme cantidad de información química que para nosotros pasa completamente desapercibida.
Cada superficie puede contener rastros.
Cada persona lleva consigo olores particulares.
Cada perro deja información.
Incluso el viento puede transportar señales desde lugares que todavía no alcanzan a ver.
Por eso cuando tu perro se detiene durante treinta segundos frente a un poste que para ti no tiene absolutamente nada interesante, es muy posible que esté procesando una cantidad enorme de información.
Para él no es solamente un poste.
Puede ser algo parecido a un tablero de noticias del barrio.
Oler también es explorar
Los humanos solemos pensar que un paseo sirve principalmente para caminar.
Llegar hasta cierto punto.
Dar una vuelta.
Acumular pasos.
Regresar.
Pero para un perro, caminar solamente es una parte de la experiencia.
Olfatear también forma parte del paseo.
Detenerse.
Cambiar de dirección.
Investigar una zona.
Volver sobre un olor.
Seguir un pequeño rastro.
Todas esas conductas le permiten interactuar con el entorno.
Por eso un paseo de veinte minutos en el que un perro tiene oportunidades reales de explorar puede resultar mucho más interesante que cuarenta minutos caminando rápidamente sin poder detenerse nunca.
No todos los paseos necesitan ser una misión para llegar lo más lejos posible.
A veces avanzar diez metros mientras investiga el mundo es exactamente lo que necesitaba hacer.
¿Por qué tarda tanto oliendo exactamente el mismo lugar?
Porque nosotros vemos un punto.
Él puede percibir capas.
Imagina entrar a una habitación donde hay muchas conversaciones ocurriendo al mismo tiempo.
No escucharías simplemente “ruido”.
Podrías distinguir algunas voces.
Palabras.
Tonos.
Personas conocidas.
Algo parecido puede ocurrir con el olfato de un perro.
Un mismo lugar puede contener rastros dejados en diferentes momentos.
Y esos rastros cambian.
Por eso el árbol que olió ayer puede volver a resultar interesante hoy.
La información ya no es exactamente la misma.
¿Los perros realmente pueden saber quién estuvo ahí?
Hasta cierto punto, pueden obtener una cantidad sorprendente de información a partir de olores.
Los perros son capaces de discriminar entre olores individuales y utilizar señales químicas para reconocer o investigar a otros animales.
Cuando otro perro orina o deja determinados olores en el ambiente, no está dejando simplemente “un olor”.
También está dejando información.
Eso explica buena parte del interés que muchos perros muestran por zonas marcadas por otros.
Nosotros vemos una esquina.
Ellos encuentran un mensaje.
Y después, en muchos casos, deciden responder dejando el suyo.
Básicamente una red social.
Solo que con métodos de publicación bastante diferentes.
El olfato también puede cambiar cómo pensamos el enriquecimiento
Cuando hablamos de enriquecimiento solemos imaginar juguetes.
Pero utilizar el olfato también puede ser una actividad mental muy valiosa.
Puedes aprovecharlo de maneras sencillas.
Esconder pequeñas cantidades de alimento para que las busque.
Permitir que explore diferentes zonas durante el paseo.
Cambiar ocasionalmente la ruta.
Utilizar juegos de búsqueda.
Dejarlo investigar objetos nuevos de forma segura.
Crear pequeñas actividades de rastreo dentro de casa.
No necesitas construir un circuito complicado.
A veces basta con permitirle utilizar una capacidad que ya trae incorporada.
Pero los perros también ven diferente
Aquí aparece la segunda parte de la historia.
Existe un mito bastante extendido:
“Los perros ven en blanco y negro.”
No es correcto.
Los perros sí perciben colores.
Pero su visión cromática es diferente de la nuestra.
Los humanos normalmente contamos con tres tipos de conos relacionados con la percepción del color, mientras que los perros tienen dos.
Por eso su experiencia visual se parece más a la de una persona con cierto tipo de daltonismo rojo-verde.
Pueden distinguir especialmente bien tonos dentro de gamas azuladas y amarillas.
En cambio, algunos colores que para nosotros son claramente diferentes pueden resultar mucho más parecidos para ellos.
Tu juguete rojo quizá no sea tan visible como imaginas
Piensa en una pelota roja sobre césped verde.
Para nosotros existe un contraste evidente.
Para un perro, esos tonos pueden resultar mucho menos distintos.
Eso no significa que no pueda encontrarla.
Puede hacerlo utilizando movimiento, forma y, por supuesto, el olfato.
Pero visualmente quizá una pelota azul o amarilla destaque mucho más.
Este pequeño detalle explica por qué diseñar juguetes pensando exclusivamente en lo que nos parece atractivo a nosotros no siempre significa diseñarlos pensando en cómo los percibe un perro.
Nos encantan los colores.
Ellos tienen otros criterios.
Principalmente:
¿se mueve?
¿huele interesante?
¿puedo perseguirlo?
¿puedo morderlo?
Una evaluación bastante eficiente.
Su visión también tiene otras fortalezas
Percibir menos colores que nosotros no significa tener una “mala visión”.
La visión de cada especie está adaptada a necesidades diferentes.
Los perros pueden ser especialmente sensibles al movimiento y tienen adaptaciones que les permiten desenvolverse mejor que nosotros en condiciones de poca luz.
Eso tiene sentido si pensamos en la historia evolutiva de sus antepasados.
Nosotros dependemos muchísimo de detalles visuales y colores.
Ellos combinan visión con un sistema olfativo extraordinariamente poderoso y una audición muy sensible.
No están recibiendo menos información.
Están recibiendo información diferente.
Por eso a veces miramos exactamente el mismo lugar y vemos mundos distintos
Tú ves un parque.
Tu perro encuentra rastros de veinte perros.
Tú ves una banca.
Él descubre quién se sentó allí.
Tú ves pasto.
Él encuentra una trayectoria.
Tú ves una pelota roja.
Él quizá distingue mejor su movimiento que su color.
Compartimos el espacio.
Pero nuestra experiencia del espacio no es igual.
Y entender eso puede cambiar incluso la manera en que paseamos juntos.
Dejarlo oler no significa perder el control del paseo
A veces evitamos que los perros se detengan porque sentimos que el paseo tiene que mantener cierto ritmo.
Pero podemos combinar ambas cosas.
Puede haber momentos para caminar.
Momentos para entrenar.
Momentos para cruzar una zona rápidamente.
Y momentos donde simplemente decimos:
“Aquí puedes investigar.”
Permitir cierta autonomía durante el paseo también puede convertirlo en una experiencia más enriquecedora.
No tiene que decidir absolutamente todo.
Pero tampoco tenemos que decidir absolutamente todo nosotros.
Incluso puede ser útil tener paseos diferentes
No todos los paseos necesitan cumplir el mismo objetivo.
Puedes tener un paseo más largo y activo.
Otro más corto.
Uno dedicado principalmente a olfatear.
Otro donde practiquen algunas habilidades.
Esa variedad ayuda a que las salidas no sean simplemente una repetición automática de la misma ruta.
Y para un animal cuya experiencia depende tanto de las señales presentes en el entorno, incluso una ruta conocida puede cambiar muchísimo de un día para otro.
Entender cómo percibe el mundo también cambia cómo lo cuidamos
Cuando intentamos comprender a nuestros perros desde nuestros propios sentidos, es fácil cometer errores.
Pensamos que algo es aburrido porque no vemos nada interesante.
Que está “perdiendo tiempo” porque lleva demasiado rato oliendo.
Que un objeto tiene mucho contraste porque nosotros lo vemos perfectamente.
Que un paseo exitoso depende de cuántos kilómetros recorrimos.
Pero su mundo funciona con prioridades diferentes.
Para ellos, detenerse también puede ser avanzar.
Olfatear también puede ser actividad.
Explorar también puede ser ejercicio mental.
Y un lugar aparentemente vacío puede estar lleno de información.
La próxima vez que se quede oliendo…
Quizás tengas prisa.
Quizás ya lleve muchísimo tiempo en el mismo árbol.
Quizás estés completamente convencido de que no puede quedar nada nuevo por descubrir allí.
Pero para él puede estar ocurriendo una historia entera.
Alguien pasó.
Otro perro respondió.
Algo cambió.
Un olor desapareció.
Otro acaba de llegar.
Y por un pequeño momento tienes la oportunidad de dejarlo experimentar el mundo de la manera para la que está diseñado.
No necesitamos comprender cada olor.
Probablemente jamás podremos.
Pero sí podemos comprender algo más importante:
nuestros perros no viven una versión simplificada de nuestro mundo.
Viven un mundo propio.
Uno construido con olores, sonidos, movimientos y señales que nosotros apenas alcanzamos a percibir.
En Nala’s Spot creemos que entender a nuestros perros también significa aprender a mirar —y algunas veces a oler— el mundo desde su perspectiva.
Porque cuando comprendemos cómo lo experimentan, dejamos de llevarlos simplemente a pasear.
Empezamos a permitirles explorar.