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¿Qué significan las orejas de tu perro? Aprende a leerlas sin caer en mitos

Hacia delante, hacia atrás o relajadas: las orejas dan pistas, pero nunca cuentan la historia solas
13 de agosto de 2026 por
¿Qué significan las orejas de tu perro? Aprende a leerlas sin caer en mitos
Nala's Spot
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Se habla perro· Capítulo 3


Las orejas de tu perro no sirven solamente para escuchar.

También pueden darte pistas sobre cómo está viviendo una situación.

Hacia delante.

Hacia atrás.

Relajadas.

Pegadas.

Moviéndose de un lado a otro.

A veces cambian en segundos.

Y aunque solemos pensar que sabemos exactamente qué significa cada posición, la realidad es un poco más interesante.

Porque las orejas forman parte del lenguaje corporal del perro.

Pero, como ocurre con la cola, no funcionan como un diccionario aislado.

Para entenderlas necesitamos mirar también la postura, la cara, la mirada, el movimiento y el contexto.

Las orejas también “hablan”

Los perros se comunican de muchas maneras.

Utilizan sonidos, olores, movimientos, distancia, mirada, postura corporal y diferentes expresiones faciales.

Las orejas forman parte de ese sistema.

Pueden cambiar de posición cuando algo llama su atención.

Cuando escuchan un sonido.

Cuando se sienten incómodos.

Cuando están relajados.

Cuando esperan algo.

O cuando intentan interpretar lo que está ocurriendo alrededor.

Por eso mirar las orejas puede ayudarnos a entender mejor una escena.

Pero hay una regla que conviene recordar desde el principio:

una sola señal nunca cuenta toda la historia.

Primero tienes que conocer las orejas de tu propio perro

No todos los perros tienen la misma anatomía.

Algunos tienen orejas erguidas.

Otros caídas.

Algunos las mueven con enorme facilidad.

En otros perros los cambios son mucho más difíciles de ver.

También influye el tamaño, la forma, el pelo y la posición natural de cada individuo.

Por eso aprender lenguaje corporal no empieza memorizando:

“orejas arriba = esto”.

“orejas atrás = aquello”.

Empieza observando:

¿cómo se ven las orejas de mi perro cuando está tranquilo?

Ese es tu punto de referencia.

Porque lo realmente útil muchas veces no es una posición universal.

Es el cambio respecto a su postura habitual.

Orejas hacia delante: atención, interés o alerta

Cuando algo capta la atención de un perro, es común observar que las orejas se orientan hacia la fuente del estímulo.

Puede ser un sonido.

Una persona.

Otro animal.

Una bolsa que sospechosamente acaba de abrirse en la cocina.

Eso puede indicar atención o interés.

Pero atención no significa necesariamente emoción positiva.

Un perro puede orientar las orejas hacia delante porque algo le produce curiosidad.

Porque está evaluando.

Porque está alerta.

O porque algo le genera tensión.

Por eso necesitamos mirar el resto del cuerpo.

Si las orejas están hacia delante pero el cuerpo permanece suelto y la expresión es relajada, el contexto puede ser muy diferente al de un perro con orejas hacia delante, cuerpo rígido y mirada fija.

La posición es parecida.

La historia no.

Orejas hacia atrás: no siempre significa miedo

Aquí aparece uno de los errores más comunes.

Vemos las orejas hacia atrás y pensamos:

“Está asustado.”

Puede ser.

Pero no necesariamente.

Los perros pueden llevar las orejas hacia atrás en diferentes contextos.

Durante interacciones sociales.

Cuando buscan reducir tensión.

Cuando están incómodos.

Cuando sienten incertidumbre.

Cuando saludan.

Incluso algunos perros las llevan hacia atrás durante momentos de gran emoción positiva.

Por eso es demasiado simple traducir:

orejas atrás = miedo.

Una pregunta mejor sería:

¿qué está haciendo el resto del cuerpo?

¿Se está alejando?

¿Está encogido?

¿Evita la mirada?

¿Tiene la cola baja?

¿Está intentando hacerse pequeño?

Entonces sí puede haber señales de miedo o inseguridad.

Pero si se acerca con el cuerpo suelto, mueve todo el cuerpo y busca interacción, el contexto puede ser completamente diferente.

Orejas pegadas: presta atención al conjunto

Cuando las orejas aparecen fuertemente retraídas o pegadas hacia atrás, especialmente acompañadas de otras señales de tensión, puede ser importante observar con más cuidado.

Por ejemplo:

cuerpo bajo,

cola recogida,

labios tensos,

intento de alejarse,

mirada evasiva,

inmovilidad,

o búsqueda de distancia.

En ese conjunto, las orejas pueden formar parte de una respuesta de miedo, estrés o incomodidad.

Y ahí hay algo fundamental:

si el perro intenta crear distancia, permitirle esa distancia suele ser más útil que obligarlo a enfrentarse a la situación.

Escuchar lenguaje corporal también significa respetarlo.

Orejas relajadas: mira cómo se ve “normal” en ese perro

En situaciones tranquilas, muchos perros mantienen las orejas en una posición relativamente neutral.

Pero “neutral” no se ve igual en todos.

En un perro con orejas erguidas puede signific una postura natural sin tensión.

En uno de orejas caídas puede ser simplemente que descansan a los lados de la cabeza.

Lo importante es observar el conjunto:

¿el cuerpo está suelto?

¿la respiración es tranquila?

¿la cara está relajada?

¿puede descansar?

¿se mueve con normalidad?

Si todo el perro parece relajado, probablemente las orejas también formen parte de ese estado.

Cuando se mueven de un lado a otro

A veces las orejas parecen pequeñas antenas.

Un sonido atrás.

Después otro a la derecha.

Luego algo enfrente.

Y cambian constantemente de orientación.

Eso puede ser completamente normal.

Los perros utilizan sus orejas para localizar sonidos y recopilar información del entorno.

Por eso no todos los movimientos tienen que tener una carga emocional.

A veces simplemente están escuchando.

Y eso nos recuerda algo importante:

no todo gesto tiene que convertirse en una emoción.

Algunos movimientos son funcionales.

Otros sociales.

Otros emocionales.

Y muchas veces ocurren al mismo tiempo.

¿Qué pasa cuando una oreja está en una posición y la otra en otra?

Depende mucho de la anatomía y del momento.

Algunos perros mueven cada oreja con bastante independencia.

Pueden orientar una hacia un sonido y mantener la otra en una posición distinta.

También hay perros cuyas orejas cambian de manera asimétrica simplemente por cómo están construidas.

Por eso una oreja “diferente” no significa automáticamente confusión, miedo o cualquier otra emoción específica.

Primero mira:

¿es algo habitual en tu perro?

¿ocurre solo cuando escucha algo?

¿hay algún cambio físico, dolor o sensibilidad?

Si notas un cambio persistente en la posición de una oreja acompañado de molestias, sacudidas de cabeza, rascado, secreción o mal olor, entonces ya no estamos hablando solamente de lenguaje corporal.

Puede ser un tema de salud y vale la pena consultar con su veterinario.

Las orejas no deberían analizarse sin la cara

La cara aporta mucha información.

Mira los ojos.

¿Están suaves o muy abiertos?

¿Hay mirada fija?

¿Evita mirar?

Observa la boca.

¿Está relajada?

¿Está cerrada con tensión?

¿Jadea sin haber hecho actividad o sin calor?

Mira la musculatura facial.

¿Parece suelta o tensa?

Las orejas son una pieza más dentro de esa expresión completa.

Y cuanto más aprendemos a observar, menos necesitamos convertir cada gesto en una traducción automática.

Tampoco sin la postura del cuerpo

Imagina dos perros con las orejas hacia atrás.

El primero se acerca con el cuerpo suelto, la cadera moviéndose y busca contacto.

El segundo se inclina hacia atrás, mantiene el cuerpo rígido e intenta aumentar distancia.

Si solo miramos las orejas, parecen iguales.

Si miramos el cuerpo completo, son escenas completamente distintas.

Por eso aprender lenguaje corporal canino implica observar varias capas al mismo tiempo.

Orejas.

Cola.

Cara.

Postura.

Movimiento.

Distancia.

Contexto.

Ahí empieza la conversación real.

El contexto cambia el significado

Las mismas orejas pueden aparecer en situaciones diferentes.

Al escuchar la correa.

Al ver otro perro.

Durante una visita al veterinario.

Mientras alguien intenta abrazarlo.

Cuando aparece una persona conocida.

Durante un juego.

Ante un ruido desconocido.

No podemos interpretar la señal sin saber qué está ocurriendo alrededor.

Una pregunta útil es:

¿qué pasó justo antes de que cambiara su postura?

Muchas veces ahí está la pista.

Aprender a leer las orejas también puede mejorar la convivencia

No se trata solamente de curiosidad.

Entender lenguaje corporal puede ayudarnos a reconocer antes cuándo un perro está cómodo o cuándo necesita otra cosa.

Más distancia.

Una pausa.

Menos interacción.

Tiempo para observar.

Salir de una situación.

O simplemente que dejemos de tocarlo.

Los perros suelen comunicarse antes de responder de manera más intensa.

El problema es que nosotros muchas veces empezamos a escuchar cuando ladran, gruñen o intentan escapar.

Pero la conversación había empezado mucho antes.

El gruñido no aparece “de la nada”

Este es un ejemplo importante.

A veces escuchamos:

“Estaba perfecto y de repente gruñó.”

Pero cuando revisamos la secuencia, quizá el perro ya había mostrado pequeñas señales.

Orejas hacia atrás.

Cabeza girada.

Cuerpo rígido.

Intento de alejarse.

Labios tensos.

Quietud.

El gruñido no necesariamente fue el primer mensaje.

Puede haber sido simplemente el mensaje que finalmente entendimos.

Por eso aprender a observar señales más sutiles puede ayudar a prevenir interacciones que resulten demasiado intensas para el perro.

No castigues la comunicación

Si un perro expresa incomodidad, nuestro objetivo no debería ser conseguir que deje de mostrarla.

Debería ser entender por qué está incómodo.

Castigar señales como gruñidos puede hacer que el perro deje de utilizar una forma clara de comunicación sin que la emoción que había detrás desaparezca.

Escuchar no significa permitir cualquier comportamiento.

Significa intervenir con seguridad entendiendo primero qué nos está intentando decir.

Y, cuando existe un problema de comportamiento importante, buscar apoyo profesional adecuado.

Un pequeño ejercicio: observa antes de interpretar

La próxima vez que tu perro cambie la posición de sus orejas, intenta no ponerle una etiqueta inmediatamente.

Haz este recorrido:

Primero: las orejas.

¿Dónde están respecto a su posición normal?

Después: la cara.

¿Está relajada o tensa?

Luego: el cuerpo.

¿Suelto, rígido, hacia delante, hacia atrás?

Después: la cola.

¿Cómo está?

Finalmente: el contexto.

¿Qué acaba de ocurrir?

Ese ejercicio puede parecer pequeño.

Pero cambia completamente la forma de mirar a un perro.

No existe un traductor universal

Sería cómodo.

Orejas hacia delante: curiosidad.

Orejas atrás: miedo.

Cola rápida: felicidad.

Bostezo: sueño.

Y listo.

Pero los perros no funcionan así.

Su comunicación es dinámica.

Una señal adquiere significado dentro de un conjunto.

Y el mismo gesto puede cambiar dependiendo del individuo y la situación.

Eso hace que entenderlos requiera un poco más de atención.

Pero también lo vuelve muchísimo más interesante.

Porque poco a poco dejamos de mirar gestos aislados.

Y empezamos a conocer al perro concreto que vive con nosotros.

La próxima vez, mira un segundo más

Tal vez sus orejas se orientaron hacia delante porque algo llamó su atención.

Tal vez las llevó hacia atrás porque la interacción le resultó incómoda.

Tal vez simplemente escuchó un ruido que tú ni siquiera percibiste.

No necesitamos saber con absoluta certeza qué siente en cada segundo.

Podemos empezar por algo mucho más sencillo:

observar antes de asumir.

Porque nuestros perros llevan comunicándose con nosotros desde el primer día.

La diferencia es que aprender a entenderlos también requiere práctica.

En Nala’s Spot creemos que cuidar a un perro empieza por aprender a verlo.

No solamente por lo que hace.

Sino por todo lo que intenta decir antes de que nosotros pongamos palabras encima.

Las orejas pueden darnos pistas.

El perro completo nos cuenta la historia.

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