Hay fechas que celebramos porque están escritas en el calendario.
Y hay otras que nos recuerdan algo que, en realidad, celebramos todos los días.
El 21 de julio es el Día Mundial del Perro.
Una fecha dedicada a reconocer a esos animales que llevan miles de años caminando junto a nosotros y que, con el tiempo, dejaron de ocupar solamente nuestros patios, nuestros campos o nuestros hogares.
Terminaron ocupando un lugar mucho más difícil de explicar.
En nuestras rutinas.
En nuestras fotografías.
En nuestros planes.
En nuestras historias.
Y, para muchos de nosotros, en la familia.
¿Por qué se celebra el Día Mundial del Perro?
Cada 21 de julio, distintos países alrededor del mundo celebran el Día Mundial del Perro.
La fecha se ha convertido en una oportunidad para reconocer la importancia de los perros en nuestras vidas, pero también para hablar de algo que no debería quedar escondido detrás de las fotografías bonitas: su bienestar, protección y cuidado responsable.
Porque celebrar a los perros también significa pensar en aquellos que todavía viven situaciones de abandono, maltrato o falta de cuidados.
Y quizá ahí está el verdadero sentido de este día.
No solamente agradecer por los perros que tenemos.
También preguntarnos qué podemos hacer mejor por ellos.
Llevamos miles de años aprendiendo a vivir juntos
La historia entre humanos y perros comenzó muchísimo antes de que existieran correas, camas acolchadas o cuentas de Instagram dedicadas exclusivamente a fotografiarlos durmiendo en posiciones imposibles.
Perros y humanos llevan miles de años compartiendo el mundo.
Durante ese enorme período de convivencia, los perros desarrollaron una capacidad extraordinaria para prestar atención a nuestras señales y desenvolverse dentro de nuestros entornos.
Aprendieron a observarnos.
A reconocer nuestras rutinas.
A seguir nuestros gestos.
A buscar información en nosotros.
Y nosotros también aprendimos a vivir con ellos.
Aunque probablemente ellos hayan hecho bastante más esfuerzo por entendernos que nosotros por entenderlos.
Un perro cambia cosas pequeñas
Quizá nunca exista un momento exacto en el que podamos decir:
“Ahí fue cuando este perro cambió mi vida”.
Porque normalmente sucede de manera mucho más silenciosa.
Un día aparece una cama en algún rincón de la casa.
Después una correa cerca de la puerta.
Empiezas a calcular horarios pensando en paseos.
A revisar si un lugar acepta perros antes de hacer un plan.
A mirar el piso cuando hace mucho sol.
A guardar una parte del presupuesto para veterinario.
A saber qué ruido hace cuando quiere salir y cuál cuando escuchó algo extraño.
Y, sin darte cuenta, empiezas a organizar pequeñas partes de tu vida alrededor de otro ser.
También cambian nuestra manera de mirar el tiempo
Vivir con un perro tiene algo extraño.
Para nosotros, diez años pueden sentirse como una etapa.
Para ellos, pueden ser prácticamente una vida entera.
Y quizá por eso nos enseñan algo que los humanos olvidamos con facilidad:
la vida ocurre en cosas pequeñas.
Un paseo que para nosotros parece rutinario puede ser el momento de explorar todos los olores nuevos que aparecieron durante la noche.
Cinco minutos jugando pueden convertirse en el mejor momento de una tarde.
Sentarse simplemente cerca puede ser suficiente.
Ellos no necesitan que cada día sea extraordinario.
Necesitan que su vida cotidiana sea buena.
Celebrar a un perro también significa dejarlo ser perro
A veces amar muchísimo a nuestros perros nos hace olvidar algo bastante importante:
no son humanos pequeños cubiertos de pelo.
Son perros.
Y tienen necesidades propias de su especie.
Necesitan olfatear.
Explorar.
Moverse.
Descansar.
Jugar.
Resolver pequeños problemas.
Investigar su entorno.
Tener momentos de tranquilidad.
Y poder tomar algunas decisiones sobre lo que ocurre con su cuerpo y su espacio.
Por eso el bienestar no consiste únicamente en dar comida, casa y cariño.
También consiste en preguntarnos:
¿puede hacer cosas que tienen sentido para él como perro?
Quererlo también es aprender a escucharlo
Los perros hablan todo el tiempo.
Solo que no utilizan palabras.
Hablan con las orejas.
La cola.
La mirada.
La postura.
La distancia que ponen entre ellos y algo que les incomoda.
La manera en que se acercan.
La manera en que se alejan.
El problema es que los humanos muchas veces traducimos demasiado rápido.
Una cola que se mueve significa felicidad.
Un perro quieto significa tranquilidad.
Un bostezo significa sueño.
Un gruñido significa que es “malo”.
Pero el comportamiento canino es muchísimo más complejo.
Aprender a observarlos antes de asumir qué sienten puede convertirse en una de las formas más importantes de cuidarlos.
También significa respetar sus límites
No todos los perros quieren saludar a todas las personas.
No todos disfrutan que los abracen.
No todos quieren jugar con otros perros.
No todos necesitan estar acompañándonos cada segundo del día.
Y eso está bien.
Un vínculo bonito no se construye obligando a un perro a tolerar cada cosa que los humanos queremos hacer con él.
Se construye cuando descubre que puede comunicar.
Que podemos escuchar.
Y que decir “no quiero” también es una opción.
Cuidar no siempre se ve emocionante
Hay una parte del amor por los perros que queda preciosa en una fotografía.
Y otra que no.
Limpiar.
Recoger.
Ir al veterinario.
Revisar dientes.
Controlar el peso.
Administrar tratamientos cuando son necesarios.
Salir temprano aunque haga frío.
Organizar quién lo cuida cuando viajamos.
Adaptar la casa cuando envejece.
Cambiar rutinas cuando su cuerpo ya no responde igual.
Cuidar implica mucho más que querer.
Implica responsabilidad.
Porque traer un perro a nuestra vida significa aceptar que dependerá de nosotros para tomar muchas de las decisiones que determinarán cómo será la suya.
El Día Mundial del Perro también pertenece a los que no tienen casa
Mientras algunos perros hoy dormirán ocupando tres cuartas partes de una cama que claramente no compraron, otros siguen esperando un lugar seguro.
Por eso esta fecha también sirve para hablar de abandono y adopción responsable.
Adoptar puede transformar una vida.
Pero adoptar responsablemente significa hacerlo solamente cuando existen las condiciones para asumir años de alimentación, salud, tiempo, educación y cuidado.
Ayudar tampoco significa necesariamente llevar otro perro a casa.
Podemos apoyar organizaciones responsables.
Compartir animales que buscan familia.
Donar alimento o recursos.
Ofrecer hogar de paso cuando las circunstancias lo permiten.
Promover esterilización responsable.
Y, sobre todo, combatir la idea de que abandonar a un animal es una solución aceptable.
A los que trabajan junto a nosotros
También existen perros cuya relación con los humanos incluye tareas extraordinarias.
Perros de asistencia.
De búsqueda y rescate.
De detección.
De apoyo en distintas labores.
Perros que han acompañado a seres humanos en algunos de sus momentos más difíciles.
Pero incluso cuando realizan un trabajo, siguen siendo animales con necesidades físicas, sociales y emocionales.
Reconocer lo que hacen también significa garantizar que puedan vivir con bienestar.
Y a los que simplemente están
Quizá tu perro nunca rescate a nadie de una montaña.
Nunca detecte nada extraordinario.
Nunca gane una competencia.
Probablemente su mayor logro de hoy haya sido encontrar una miga debajo de la mesa.
Y está perfecto.
No tiene que hacer nada extraordinario para merecer una buena vida.
Su valor no depende de lo útil que sea para nosotros.
Hay perros cuyo único “trabajo” consiste en existir dentro de una familia.
Caminar.
Dormir.
Jugar.
Comer.
Hacer cosas inexplicables.
Esperarnos detrás de una puerta.
Y convertir lentamente una casa en un lugar diferente simplemente porque están allí.
También están los que ya no están
Hay perros que celebramos en presente.
Y otros que inevitablemente celebramos desde la memoria.
Los que alguna vez tuvieron un plato en nuestra cocina.
Una cama en algún rincón.
Una correa guardada.
Una manera particular de caminar por la casa que todavía podemos recordar perfectamente.
Perder a un perro también revela el tamaño del espacio que había llegado a ocupar.
Porque desaparecen pequeñas rutinas que parecían insignificantes hasta que dejan de suceder.
Y aunque ya no estén físicamente, siguen formando parte de nuestra historia.
En fotografías.
En anécdotas.
En costumbres que dejaron.
Y algunas veces incluso en las decisiones que tomamos con el perro que llegó después.
¿Cómo celebrar el Día Mundial del Perro?
Probablemente no necesites organizar algo extraordinario.
Puedes regalarle algo que para él tenga valor.
Un paseo un poco más lento.
Dejarlo escoger hacia dónde caminar durante un rato.
Jugar su juego favorito.
Preparar una búsqueda de olores.
Visitar un lugar que disfrute.
Pasar tiempo juntos.
O simplemente observarlo.
De verdad observarlo.
Cómo utiliza la cola.
Qué cosas investiga.
Dónde decide descansar.
Qué situaciones disfruta.
Cuándo busca compañía.
Cuándo necesita espacio.
Tal vez el mejor regalo sea aprender una cosa nueva sobre el perro con el que llevas años viviendo.
Ellos no saben que hoy es su día
Probablemente esta sea nuestra parte favorita.
Tu perro no sabe que es 21 de julio.
No sabe que existe el Día Mundial del Perro.
No entiende qué significa una efeméride.
Y probablemente tampoco le importa demasiado.
Lo que sí conoce es su vida.
Sabe cómo se siente su casa.
Reconoce quién aparece cada mañana.
Conoce el sonido de sus rutinas.
Sabe dónde descansar.
Dónde buscar agua.
Quién abre la puerta.
Quién juega.
Quién suele estar cuando algo da miedo.
Ellos no viven pendientes de un día especial.
Viven los días que nosotros les damos.
Y quizá por eso la mejor manera de celebrar el Día Mundial del Perro no sea hacer que hoy sea extraordinario.
Sea intentar que sus días normales sean buenos.
Hoy celebramos a los perros
A los tranquilos.
A los intensos.
A los que quieren conocer a todo el mundo.
A los que prefieren observar desde lejos.
A los cachorros que todavía están descubriendo el planeta.
A los viejitos que ya conocen perfectamente cómo funciona la casa.
A los adoptados.
A los que siguen esperando.
A los que trabajan junto a los humanos.
A los que nunca han hecho nada más productivo que robarnos el lugar en el sofá.
A los que están.
Y a los que alguna vez estuvieron.
Hoy celebramos a una especie que lleva miles de años caminando junto a la nuestra.
Pero, sobre todo, celebramos cada una de esas historias pequeñas que ocurren cuando un perro concreto encuentra a un humano concreto y, de alguna manera, terminan construyendo una vida juntos.
Feliz Día Mundial del Perro.
En Nala’s Spot creemos que cada día juntos deja una huella.
Hoy celebramos todas ellas.